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Memoria impulsiva

Memoria impulsiva
Juan Ramón Lafón

Si se hiciera un estudio de cuál es la palabra más utilizada por el osasunismo en los últimos 3 años, no iríamos muy desencaminados asegurando que ‘regeneración’ estaría en el top 3. Definición: Reconstrucción que hace un organismo vivo por sí mismo de sus partes perdidas o dañadas. No cabe duda que Osasuna (organismo MUY VIVO) sigue necesitando una reconstrucción de las partes perdidas o dañadas. No se puede obviar que hace 3 años el club estuvo al borde de la desaparición por la nefasta y nociva gestión de gente que no fue capaz de entender que Osasuna está por encima de las personas que lo dirigen. Y tampoco se puede obviar que las partes dañadas del club han sido parcialmente curadas por un ascenso inesperado que ha dejado unos ingresos históricos por los derechos televisivos. Pero no menos cierto es que hemos perdido un patrimonio forjado durante casi un siglo con el que hemos respondido a unas deudas millonarias, gracias también a una ley salvadora, tan controvertida como necesaria.

La cantera, uno de nuestros principales patrimonios, sin entrar en profundidad en cuáles han sido las causas que lo han provocado, ha sido dañada este año por el ya famoso objetivo irrenunciable, que ha marcado una temporada aciaga en la que en muy poco tiempo hemos perdido la identidad y los valores que históricamente nos han caracterizado. Es digno de estudio el declive tan profundo en tan poco tiempo. Y digo sin entrar en profundidad, porque se han producido un cúmulo de contradicciones que desde fuera resulta muy complicado de analizar. Por un lado, un entrenador que ha sido el principal artífice del ascenso y de lanzar un mensaje (el también famoso de Girona) sobre cuáles debían ser las líneas a seguir en el trayecto en primera, pero que a la postre no se sabe muy bien si ha participado y/o autorizado los 11 fichajes que resultaban incoherentes con dicho mensaje. Y por otro lado la directiva, que una vez producidos los hechos, se ha demostrado que no creía en este proyecto con este entrenador y que ha dado la sensación de improvisación dando bandazos sin un rumbo claro.

Y qué decir de la afición, el otro gran patrimonio que nos queda, que ha aguantado estoicamente todos los golpes que ha sufrido el club y que en los peores momentos ha demostrado ser, no sé si la mejor, pero una de las mejores aficiones de cualquier club de fútbol a nivel mundial (sin exagerar). La ilusión que se generó el año pasado con el ascenso también ha sido dilapidada en muy poco tiempo por ver a nuestro equipo sin alma y perdiendo nuestros valores de garra, lucha, esfuerzo y pasión por esta camiseta.

Por lo tanto, la ansiada regeneración en mi opinión está todavía lejos de ser alcanzada. Osasuna necesita mantener la memoria viva para poder aplicar los valores que nos identifican, pero con una mentalidad impulsiva. Y para dirigir el club hacen falta 3 pilares fundamentales que una junta directiva debe aglutinar para poder llevar a cabo, por un lado la regeneración, y por otro lado el impulso necesario para conseguir de Osasuna un club con identidad propia, reconocible pero a la vez moderno e innovador. Estos pilares son:

Capacidad de gestión: Una directiva debe demostrar que sus componentes tienen la suficiente experiencia profesional (de ahí lo de ser una directiva profesional) como para poder aportar su conocimiento en aspectos referidos a la organización, la gestión de equipos, el liderazgo y la planificación estratégica sin dejar de lado la capacidad para rodearse de los mejores profesionales y técnicos en el plano deportivo.

Autonomía (sin ataduras): Aspecto fundamental en el mundo del fútbol. No sirve absolutamente de nada ser una junta directiva capacitada si por el contrario debe favores a terceros, adquiere compromisos inasumibles o se ata con irregularidades o intereses personales que le esclavizan para tomar decisiones bajo la amenaza o el chantaje de ver la luz. Muy ligado este aspecto a la honestidad y la transparencia.

Conciencia de servicio: Una junta directiva no debe ser más que un grupo de socios que dan un paso al frente para dirigir el club al que pertenecen (y aman) como socios, teniendo muy claro que este hecho no les pone por encima de lo que son, socios como todos los demás. Solo con la perspectiva de ser uno más, se podrá dotar al socio de mayor poder de decisión. No somos una SAD, los dueños somos los 15.000 (a veces locos) que compartimos una pasión. La erótica del poder… Aportar.

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